EPIFANÍA DEL SEÑOR - Reflexión

 

   Son epifanías las pruebas, las purificaciones, la oscuridad. Pero sobre todo son luz y epifanía los individuos o los grupos que nos orientan y nos marcan el camino que hemos de seguir, individual y socialmente, especialmente los que dan su vida al servicio de los demás. Su sangre derramada delata una estela que nos hace ver la vida bajo perspectivas nuevas.

 

   En fin, la Iglesia es [debería ser] epifanía, "ciudad iluminada colocada sobre el monte" (Mt 5,14), puesta ahí por Cristo para interpretarnos esa luz indirecta de los signos de los tiempos.

 

   Vivimos en tinieblas: nuestras dudas, nuestros errores, nuestros desconocimientos, nuestras pasiones. Pero, si Dios se manifiesta, todo se ilumina; será como una estrella en la noche, como un sol de mediodía. «Nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» (Lc 1,78), cantaba el viejo Zacarías. «Luz para alumbrar a las naciones» (Lc 2,32), repetía el viejo Simeón. «Estrella resplandeciente de la mañana» (Ap 22,16), dice el Apocalipsis. «Yo soy la luz del mundo» (Jn 9,5), decía Jesús de sí mismo, para curar a todos los ciegos. «En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn 1,5). «Vosotros sois la luz del mundo. Brille vuestra luz en las tinieblas, para que los demás, viendo vuestra buenas obras, aplaudan a Dios, que está en el cielo»

 

Jose N.

 

 

 

 

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