LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR - Reflexión

 

   Los peregrinos que viajan a la Tierra Santa suelen visitar en lo alto del Monte de los Olivos el templete que, según la tradición, recuerda la Ascensión de Jesús a los cielos. San Ignacio de Loyola da cuenta de su curiosidad por ver en qué dirección se orientaba la huella que allí se muestra.

 

   El texto de los Hechos de los Apóstoles (Hech 1,4.8-11) no se fija en ese detalle, En cambio, se refiere a dos hombres vestidos de blanco que nos recuerdan los que habían aparecido al lado del sepulcro del Señor Resucitado. En este caso se dirigen a los apóstoles con dos frases que se complementan. 

 

   “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Jesús había dicho a sus discípulos que no se alejaran de Jerusalén hasta que no hubieran recibido al Espíritu Santo. Después, animados con su fuerza, habrían de ser testigos del Señor hasta en los últimos confines de la tierra. Los mensajeros urgen a los discípulos a no olvidar aquel doble mandato.

 

   “El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse”. Esta segunda advertencia tiene el tono de una profecía. Los discípulos del Señor están llamados a vivir el presente con los ojos fijos en el futuro. La misión queda abierta a la esperanza de la manifestación del Señor.

 

 

SEGUIDORES Y TESTIGOS


   El evangelio de Lucas se refiere explícitamente al misterio de la Ascensión de Jesús a los cielos (Lc 24, 46-53). Este relato que hoy se proclama es muy breve; pero no olvida los elementos fundamentales de la fe cristiana y de su extensión en el mundo.

 

   En primer lugar, se habla del Mesías. En realidad, en boca de Jesús se pone un resumen del misterio pascual, de su muerte y resurrección. Es interesante observar que esos acontecimientos no ocurrieron por casualidad. Con ellos se cumplían las Escrituras.

 

   En segundo lugar, se habla de su Iglesia. De hecho, se insinúa la misión de los apóstoles,  llamados a predicar la conversión y a perdonar los pecados a todos los pueblos. La Iglesia no es una sociedad benéfica. Es una comunidad a la que se ha confiado el misterio de la salvación.

 

   En tercer lugar, se transmite a los discípulos el encargo de ser testigos de la vida y del mensaje de su Maestro. Habían sido llamados para estar con él y seguirle.  Ahora han de tratar de contagiar a todas las gentes el espíritu que a Él le movía.

 

   Las tres alusiones se complementan y exigen mutuamente. Se nos dice que Jesús ha cumplido su misión y ha sido glorificado. Además, se nos recuerda que su obra ha de continuar hasta el fin de los tiempos y el confín de las tierras. Y finalmente se nos indica el testimonio que ha de ser el sello de la misión.

 

 

BENDICIÓN Y ALEGRÍA


   Aún hay algo muy importante. Tras recordar las palabras de Jesús, el texto evangélico se fija en los gestos, descritos apenas en unas breves líneas.

 

  • El primer gesto es la bendición. Una doble bendición. Jesús bendice a sus discípulos y los bendecirá siempre. Pero, por otra parte, la oración de los discípulos se caracterizará precisamente por esa bendición “ascendente” que refleja la gratitud de la fe y la alabanza.


  • El segundo gesto es la ascensión a los cielos. Los cielos son la metáfora de Dios. El que ha bajado del Padre, asciende a Él. El humillado es ensalzado. El Justo injustamente ajusticiado recibe ahora la justificación definitiva de su obra.


  • Finalmente, se nos dice que los apóstoles volvieron a Jerusalén con gran alegría. Al comienzo del evangelio de Lucas se recordaba el nacimiento de Jesús con alusiones a la gloria y la alegría (Lc 2, 10.14). Los mismos sentimientos acompañan ahora su triunfo.


   Señor Jesús, te damos gracias por tu vida y tu mensaje. Ayuda a tu Iglesia a difundirlo con generosidad por el mundo. Y a cada uno de nosotros danos la alegría de poder compartir tu camino. Amén. Aleluya.

 

J.R.F.

 

 

 

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