ORAR CON LOS SALMOS

       

 

 

¿CÓMO ORAR CON LOS SALMOS?

 

Podemos orar con los Salmos:

A) Sabiendo que ayer, hoy y mañana los salmos nos conducen a un encuentro personal y dialógico con Dios: «Qué densos sus capítulos...; si los desmenuzo, aún me quedas tú», «conmigo para siempre» (139,17-18). Más allá de la voz del salmista que ora e invoca a Dios, «debemos reconocer nuestra voz», nos dice San Agustín en su comentario al salmo 61. Y continúa el santo Doctor: «Y no dije "nuestra", como si fuese sólo la de aquellos que actualmente estamos aquí, sino "nuestra", entendiéndola por la de todos los que estamos por todo el mundo; por la voz de los que nos hallamos desde el oriente al occidente».

 

El individuo creyente y la comunidad orante somos el yo y el nosotros de los Salmos, que invoca a Dios a lo largo de los siglos.

 


B) Pidiendo la luz del Espíritu Santo, autor principal e inspirador de los Salmos, para rezarlos como una expresión de nuestra fe en el Dios vivo. Los salmos tienen una función de memorial que permite a cada generación vivir y revivir los actos creadores y salvíficos de Dios.

 

Con sus variadas formas de expresión, en la alabanza y en la súplica, en el grito del afligido y en el aplauso de la asamblea, en todos los Salmos, late la afirmación potente de la fe: «Tú eres mi Dios en cada circunstancia y serás siempre mi Dios». Los salmos se convierte así en una expresión orante en el Dios por encima de todo.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

  

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